Impresiones Tomodachi Life: Una vida de ensueño para Nintendo Switch
El simulador social más peculiar de Nintendo regresa a Nintendo Switch con muchísima más personalidad.

Nintendo cumplió su palabra. Aunque Nintendo Switch 2 ya es una realidad, la consola original no ha dejado de recibir juegos en 2026, y Tomodachi Life: Una vida de ensueño es uno de ellos. El simulador social de los Mii llega el 16 de abril como exclusivo de Nintendo Switch, compatible también con Switch 2 a través de la retrocompatibilidad. Es, en esencia, la secuela espiritual de aquelTomodachi Life que conquistó Nintendo 3DS hace más de una década, aunque esta vez la propuesta es mucho más ambiciosa y grande.

Ahora bien, si nunca habéis jugado a un Tomodachi Life, entender de qué va puede costar un poco. De primeras se parece a simuladores de vida como Animal Crossing o Pokémon Pokopia, pero la realidad es que el jugador tiene un papel mucho más contemplativo. Aquí la gracia no está tanto en hacer cosas, sino en ver qué hacen los Mii por su cuenta: sus movidas absurdas, sus dramas, sus peleas por cualquier tontería… Todo lo que te puedas imaginar.
Hemos pasado un buen puñado de días observando a los Mii de nuestra isla para contaros qué nos ha parecido esta particular locura de Nintendo, en estas impresiones de Tomodachi Life: Una vida de ensueño para Nintendo Switch.
Dios es un stalker
Todo comienza contigo como figura omnipresente, algo parecido a un dios, al cargo de una pequeña isla perdida en el culo del mundo. Tu primera misión es sencilla: crear tu primer Mii y bautizar la isla. Sabemos que tanta responsabilidad puede dar vértigo, pero Tomodachi Life: Una vida de ensueño tiene un detalle que se agradece desde el inicio: nada de lo que hagas es permanente. ¿No te convence el nombre de la isla? Cámbialo. ¿Tu Mii necesita un retoque? Modifícalo cuando quieras. Si no estás inspirado en ese momento, vamo a calmarno, porque siempre podrás volver atrás.

A partir de ahí, la rutina fluye sola. Creas tu Mii, le das de comer, le compras ropa, le decoras la casa… pero pronto empezará a necesitar algo más: compañía. Y es precisamente ahí donde reside el corazón de todo esto, en la interacción social entre todos los personajes que vayas creando.

La sensación es la de ser un director de casting que elige a sus actores y luego se sienta a observar qué pasa entre ellos. El juego funciona fenomenal de dos maneras muy distintas: podéis meter a vuestros familiares y amigos para ver cómo se relacionan sus versiones Mii y luego contárselo en persona, que ahí está buena parte de la gracia, o bien llenar la isla de Miis basados en famosos, cantantes o personajes de ficción y dejar que el caos se encargue del resto.

La historia de Tomodachi Life la escribes tú, a tu manera, y no vamos a ser nosotros quienes juzguen. Pero si aceptáis un consejo, pensad bien a quién añadís a la isla, porque ese casting marca la diferencia entre una convivencia normalita y el espectáculo más surrealista que podáis imaginar. Cada partida es tremendamente personal.
El drama está servido
Cuando empiezas a poblar la isla con más Miis es cuando la magia ocurre. Algunos te proponen minijuegos como cara o cruz a cambio de premios que puedes coleccionar o regalar a otros residentes. Otros protagonizan situaciones que refuerzan sus vínculos: en nuestra partida, Ares se cayó al suelo, Rascayu acudió a echarle una mano y a partir de ese momento su amistad se consolidó de golpe. Poco después llegó Super Mario, que abrió una tienda de ropa en la isla y trató de socializar con Ares, pero no hubo suficiente conexión y el fontanero se quedó hecho polvo. Por suerte, Calamardo apareció justo a tiempo para animarle con una partida de pillapilla.

Todas estas interacciones generan arrumacos, una especie de moneda emocional que se acumula y se puede lanzar a la Fuente de los deseos. A cambio, por ejemplo, obtienes objetos para regalar a los Mii o peculiaridades, que son formas de comportamiento que los hacen todavía más únicos. Puedes darle a alguien un andar más alegre, una pose mucho más sugerente o cualquier otro rasgo que amplíe su personalidad más allá de lo que aparenta un simple avatar.

Conforme avanza el juego, los Mii van ganando profundidad según las experiencias que viven, las preguntas que contestan y los gustos que desarrollan. Es como observar una granja de hormigas. Ves a tus pequeños habitantes moverse por la isla, los alimentas, y descubres que cada uno tiene su carácter y su papel en esa pequeña sociedad.

A medida que la comunidad crece, la propia isla también reclama atención. Hay que asfaltar caminos, colocar decoraciones y levantar nuevos edificios para que todo evolucione al ritmo de sus habitantes. En nuestro caso, Brock fue de los últimos en llegar y se mudó a una zona sin acceso, así que tocó pavimentarle el camino con herramientas táctiles para modificar el terreno.

Pero el destino tenía planes para él: conoció a Inkling Chica, conectaron al instante y desarrollaron una amistad que parece ir bastante más allá de lo platónico. Son afines, comparten hobbies, como su particular afición a chupar galletas, y todo apunta a que en el futuro acabarán juntos de una forma u otra.

Pero esto no es más que el principio. Necesitamos seguir observando cómo se desarrolla nuestra isla para ver hacia dónde avanzan los cotilleos, porque de eso va Tomodachi Life: de ir descubriendo cada día, poco a poco, cómo evoluciona todo. Aunque, eso sí, siempre podemos intentar meter la mano y alterar el rumbo cuando nos apetezca.

Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate
Uno de los pilares fundamentales de Tomodachi Life: Una vida de ensueño es su editor de personajes. Si recordáis el mítico creador de Mii que debutó en Wii, imaginad eso pero amplificado en todas las direcciones posibles. Los peinados y estilos se han multiplicado, y ahora puedes incluso modificar por separado la parte delantera y trasera del pelo, algo que ya se dejó entrever en los primeros tráilers del juego. Las opciones de color son totalmente libres: piel, ojos, pelo… cualquier tono que se te ocurra está disponible. Puedes añadir hasta orejas, que le quedaron fenomenal a Inkling chica.

Y si aun así se te queda corto, el juego ofrece un editor de maquillaje sorprendentemente completo para rematar esos detalles que te falten.

Pero la novedad más significativa va más allá de lo estético. Nintendo ha dado un paso adelante muy importante respecto a la entrega de 3DS al permitir definir tanto el género como la orientación sexual de cada Mii: puedes seleccionar la opción no binaria, que le atraigan ambos sexos, uno en concreto o ninguno. Mucha más libertad para que cada personaje refleje lo que tú quieras, y eso es un punto que aplaudimos sin reservas. La única restricción en las relaciones amorosas es que los Mii menores de edad no pueden emparejarse con adultos, algo que nos parece completamente lógico y necesario.

Tomodachi Life: Una vida de ensueño cuenta con comunicación local para compartir creaciones con otros jugadores. Y no solo Miis, sino también diseños de objetos, comida y todo tipo de elementos personalizados. Esto dispara la personalización hasta cotas muy absurdas. Sin ir más lejos, nosotros hemos creado la BurgueTarta, mitad hamburguesa, mitad tarta, y se ha convertido en un auténtico fenómeno en nuestra isla. No hay un solo Mii al que no le encante.

Mii pequeño paraíso
Tras varias horas observando cómo interactúan nuestros Mii, podemos decir que Tomodachi Life: Una vida de ensueño es un juego bastante particular. Se aleja mucho de lo que solemos entender por simulador de vida al estilo Animal Crossing, Pokémon Pokopia o Stardew Valley, y ofrece un planteamiento mucho más contemplativo donde Nintendo te da las herramientas justas para levantar un universo que parece cobrar vida propia.

Como concepto puede resultar difícil de pillar al principio. Pero una vez que tienes varios Mii creados y empiezas a ver cómo se relacionan entre ellos, algo hace clic. Descubres que la gracia no está solo en lo que sucede dentro del juego, sino también fuera de él. De la misma forma que los Mii necesitan socializar, el propio juego te empuja a ti como jugador a compartir lo que pasa en tu isla: con amigos, con la familia o directamente en internet con sus historias más disparatadas, aunque Nintendo esta vez lo haya puesto bastante difícil.

Seguiremos jugando y mejorando nuestra isla para contártelo todo en nuestro próximo análisis de Tomodachi Life: Una vida de ensueño para Nintendo Switch. Hasta entonces… ¡nos vemos!
Tomodachi Life: Una vida de ensueño para Nintendo Switch saldrá el próximo 16 de abril tanto en formato físico como en digital.

