Crítica de Super Mario Galaxy: La Película
Un festín visual e icónico para fans que se queda corto en profundidad

Super Mario Galaxy La Película ya está aquí, y hemos tenido la suerte de verla antes de su estreno gracias a una invitación de Universal. La hemos visto en versión original, así que todo lo que os contemos en esta crítica parte de esa experiencia con las voces en inglés de Chris Pratt, Brie Larson y compañía. Tras años cubriendo cada tráiler, cada filtración y cada póster plagado de guiños que Illumination y Nintendo nos han ido lanzando, por fin podemos sentarnos a contaros qué nos ha parecido la secuela más esperada del cine de animación desde la perspectiva de quienes llevamos toda la vida pegados a un mando de Nintendo.
Y la respuesta corta es que Super Mario Galaxy La Película nos ha dejado con una sensación agridulce que merece explicarse con calma. Hay cosas que funcionan muy bien, pero también hay decisiones que nos han chirriado y que, viniendo de lo que consiguió la primera película, no esperábamos encontrar. No es un tropezón, ni mucho menos, pero tampoco es el salto estelar que muchos teníamos en la cabeza.

Perdidos por el espacio
Si Super Mario Bros La Película era un batiburrillo encantador de ideas del universo de Mario, esta secuela se siente más como una sucesión de sketches interconectados que como una historia con peso propio. Hay un hilo argumental y un mensaje de fondo que sostiene la trama, eso está claro, pero la película rara vez se detiene lo suficiente como para que algo cale de verdad.
El patrón se repite constantemente: aparece un personaje nuevo, tiene su momento bajo los focos y desaparece antes de que te dé tiempo a encariñarte con él.

Los que ya conocíamos de la primera entrega tampoco ganan demasiada profundidad. Y los nuevos, salvo Yoshi, atraviesan la película sin dejar huella. Estela, Bowsy e incluso Wart tienen sus escenas, pero ninguno termina de asentarse en la historia con la solidez que pedía una secuela o, al menos, como lo hicieron personajes como Donkey Kong o Bowser en la primera película. Es increíble cuando te das cuenta de que se desechan personajes casi al mismo ritmo al que se presentan.
Reconocemos que eso es algo muy “de los juegos de Mario”: el argumento siempre ha sido una excusa para la diversión del gameplay. Pero en una película de estas dimensiones, esperábamos otro tipo de ritmo.

Sobre todo en una segunda parte que ya no necesita presentar su universo ni a sus protagonistas. Profundizar en la relación entre Bowser y Bowsy, por ejemplo, tenía un potencial enorme que se queda en la superficie pese a intentar ahondar con alguna que otra escena emotiva. La sensación general es la de una metralleta de dopamina que no para de disparar situaciones y caras nuevas sin que ninguna alcance el peso que merece.
Ahora bien, el humor funciona bastante bien. Sencillo, un puntito absurdo y accesible para todo tipo de público. Es por esto que, a pesar de su particular contexto, creemos que gustará especialmente a los más pequeños de la casa.

Nintendo e Illumination han vuelto a apostar por llenar cada fotograma de referencias, cameos y easter eggs que los jugadores reconocerán al vuelo. Ahí la película cumple con creces. Para los fans que les gusta estar cazando guiños ocultos, cada escena está hecha minuciosamente para revisar con lupa y descubrir detalles ocultos.
Y tenemos que hablar de la gran sorpresa: Fox McCloud tiene un papel en la película, como ya había avanzado Nintendo.

Su inclusión nos pilló por sorpresa. Aunque se siente algo forzada dentro del conjunto, como la de casi todos los secundarios que aparecen, hay momentos en los que el piloto de Star Fox roba la atención por completo y se lleva hasta la del propio Mario. Una apuesta arriesgada que evidencia el problema de fondo: querer abarcar tantísimo sin centrarse lo suficiente en nada hace que, cuando se da más tiempo a algo, luzca mucho mejor.
Una galaxia que brilla, pero no deslumbra
Super Mario Galaxy La Película se parece más a lo que es el negocio de Nintendo que a lo que podría haber sido como obra cinematográfica: un escaparate gigantesco y carísimo diseñado para que quieras volver a encender la consola en cuanto sales del cine.
Y eso no tiene por qué ser malo, pero sí deja un regusto diferente al que nos llevamos con el éxito arrollador de la primera. Falta esa novedad narrativa sostenida que se abría con la adaptación del videojuego. Que la primera entrega tampoco era una maravilla argumental, pero tenía un clímax y una evolución argumental que en esta segunda parte, se ha dado de lado en favor de más eventos aleatorios para los fans. Aquí, aunque hay picos puntuales, el conjunto no alcanza ese mismo punto álgido.

Es entretenimiento puro y duro, bien ejecutado, visualmente espectacular y al orden del estilo de consumo audiovisual actual. Pero, irónicamente, a Mario Galaxy le ha faltado respirar y poner los pies en la tierra durante más de un minuto antes de saltar al espacio a descubrir nuevos universos.
Para quien busque una buena historia del universo de Super Mario, mejor que rebaje un poco las expectativas. Quien quiera una gran revelación sobre Nintendo y su IP más famosa, puede disfrutar de esta impresionante obra audiovisual que no para de saltar como el propio Mario.
Hemos disfrutado en el cine con la película, eso seguro, pero salimos con la certeza de que esta galaxia tenía espacio de sobra para haber contado algo más grande y, sobre todo, dar más luz y atención a los propios personajes que tanto cariño tenemos.

