Análisis de Super Mario Bros Wonder – Nintendo Switch 2 Edition + Encuentro en el Parque Belabel
Motivos de sobra para volver al Reino Flor de Super Mario.

Super Mario Bros Wonder fue una de las mejores sorpresas de Nintendo Switch y, para nosotros, el mejor plataformas 2D de Mario en décadas. Un juego que rompió con la fórmula de New Super Mario Bros, apostó por la creatividad con las Flores Maravilla y nos dejó un sistema de control prácticamente perfecto. Ahora vuelve a Nintendo Switch 2 con una edición ampliada que añade el Parque Belabel, nuevos personajes, jefes inéditos y, sobre todo, un montón de contenido multijugador. ¿Merece la pena volver al Reino Flor?
En este análisis nos centramos exclusivamente en todo lo nuevo que trae la Nintendo Switch 2 Edition de Super Mario Bros Wonder. Si queréis saber qué nos pareció el juego base en su momento, podéis echar un vistazo a nuestro análisis original de Super Mario Bros. Wonder para Nintendo Switch, que sigue siendo igual de válido para la parte original de esta versión. Dicho esto, ¡al lío!
Videoanálisis de Super Mario Bros Wonder – Nintendo Switch 2 Edition + Encuentro en el Parque Belabel
Super Mario y los 7 esbirros
Sabemos que muchos de los que nos leéis estabais especialmente pendientes de una cosa: ¿qué ofrece esta Nintendo Switch 2 Edition para quien juega solo? Porque sí, los tráileres y Nintendo Directs se volcaron en enseñar atracciones multijugador, modos competitivos y cooperativos, dejando el contenido en solitario un poco en segundo plano. Pues bien, ya nos hemos recorrido todo lo que ofrece Super Mario Bros Wonder en su versión expandida para Nintendo Switch 2 y podemos confirmar que, aunque el multijugador sea la estrella del marketing, el modo para un jugador tiene bastante más chicha de lo que parecía.
Para acceder al contenido nuevo hay que avanzar hasta cierto punto de la aventura original, momento en el que se desbloquea la entrada al Parque Belabel. A partir de ahí arranca lo que se siente como una expansión independiente de la historia principal de Super Mario Bros Wonder. Todo lo nuevo tiene su propio espacio, separado del Reino Flor que ya conocíamos, y eso le da una identidad propia al DLC.

La trama tampoco es que os vaya a quitar el sueño. Los siete Koopalings, los clásicos esbirros de Bowser que echábamos de menos en el juego original, irrumpen en el Parque Belabel para robar las flores Belabel. Mario y compañía tienen que recuperarlas, y eso se traduce en ir cazando a cada uno de los villanos por el mapa. Donde sí brilla esta sección es en las batallas. Cada Koopaling tiene su propio enfrentamiento temático, con mecánicas únicas que se alejan bastante de lo que ofrecía el Wonder original con Bowsy. Hay peleas que juegan con la gravedad, otras que mezclan plataformeo con mecánicas originales y alguna que nos ha sorprendido por su planteamiento original. Salvando las distancias, nos han recordado al espíritu de los jefes de Cuphead, donde cada combate se siente distinto al anterior y te tienes que adaptar rápido.
En esencia, la historia de esta expansión funciona como un boss rush con personalidad. No hay mundos nuevos con un montón de niveles entre medias, sino enfrentamientos directos que justifican la vuelta al Reino Flor rápidamente y sin relleno innecesario.

El otro gran pilar del modo en solitario son los desafíos de la cuadrilla Toad. Hablamos de más de 70 pruebas repartidas en distintas categorías y dificultades: desde recoger un número concreto de monedas a contrarreloj hasta eliminar enemigos en cadena o derrotar jefes en tiempo récord. Algunas imponen el uso de medallas específicas que alteran la jugabilidad, y así dar un poco de variedad al asunto. Es un contenido que engancha por su inmediatez: entras, lo intentas, y si fallas, vuelves a intentarlo en segundos.
En cuanto a dificultad, vamos a ser sinceros: nosotros no hemos sufrido demasiado, probablemente porque le tenemos las medidas cogidas al juego después de tantas horas. Pero hay que reconocer que el nivel está calibrado para ser accesible sin resultar trivial. No vais a encontrar aquí un infierno a lo Cuphead, pero los desafíos más avanzados sí exigen técnica y buen manejo de las mecánicas. En nuestra opinión, creemos que es un equilibrio acertado para el público tan amplio al que va enfocado este Mario.

Un detalle que nos ha llamado la atención es el protagonismo que Nintendo le da al Capitán Toad y a los Poplin en esta expansión. Estos simpáticos seres con una flor en la cabeza que poblaban el Reino Flor ahora tienen su propio cuento donde se profundiza en su historia y su origen. No es que estemos ante un despliegue argumental digno de un RPG, pero es curioso que un juego de Super Mario Bros dedique tiempo a explicar el lore de sus habitantes. Un guiño que los seguidores de Mario van a disfrutar.
Al completar desafíos y batallas vas consiguiendo agua de Belabel, un recurso que sirve para regar plantas y desbloquear recompensas: decoraciones para la plaza del parque, instrumentos para la banda Poplin, flores especiales y saludos. Es como tener un lobby personalizable al que vas dándole forma poco a poco. La idea es bonita y encaja bien con el tono acogedor del juego, pero aquí viene nuestra principal pega: el farmeo se vuelve repetitivo si juegas exclusivamente en solitario. Parte de las recompensas están pensadas para desbloquearse a través del multijugador, así que quien vaya por libre se verá repitiendo las mismas fases más de lo deseable para reunir suficiente agua. No arruina la experiencia para un jugador, pero sí deja claro que esta expansión no fue concebida para disfrutarse enteramente a solas.

La Nintendo Switch 2 Edition no reinventa lo que ya conocíamos a nivel gráfico, pero se nota el salto. La imagen es más nítida en modo televisión, los personajes se distinguen con mayor claridad y los colores tienen una vivacidad extra que se hace especialmente evidente durante las transformaciones de la Flor Maravilla. Si el original en Switch ya era un espectáculo visual, aquí todo tiene un punto más de brillo y definición que sienta muy bien en pantalla grande. No es un antes y un después, ni pretende serlo: esta edición apuesta mucho más por el contenido que por la revolución gráfica, y eso queda patente desde el primer minuto.

La plaza para divertirse con amigos
Si el modo para un jugador es un añadido bienvenido, el multijugador es la razón de ser de esta expansión. El Parque Belabel esconde una zona dedicada exclusivamente a ello: una plaza repleta de atracciones cooperativas y competitivas, tanto en local como en online, que se puede explorar y decorar relativamente a tu gusto. Es el corazón de la Nintendo Switch 2 Edition y donde Nintendo ha volcado la mayor parte de sus esfuerzos.
Esta sección no guarda mucha relación con la aventura de los Koopalings, pero funciona como el otro gran pilar del contenido nuevo. Aquí es donde viven los minijuegos donde reunir a tus amigos y echaros unas risas. Y como hay de todo, vamos a ser claros con lo que nos ha dejado buena impresión, lo que nos ha parecido simplemente correcto y lo que, siendo honestos, no nos ha terminado de convencer. Vamos por partes.

Los minijuegos que brillan con luz propia
Lo mejor de las atracciones del Parque Belabel es que no son relleno disfrazado de multijugador. Los mejores minijuegos funcionan como microjuegos ambientados en el universo de Super Mario Bros Wonder, con reglas propias y situaciones que cambian en cada partida. Estos son los que nos han conquistado.
La Fantasmáscara la lleva es, probablemente, el que más nos ha gustado. Se trata de un pilla-pilla para hasta cuatro jugadores en el que dos llevan la máscara de Phanto y tienen que atrapar a los otros dos. La gracia está en que los fugitivos pueden camuflarse con elementos del escenario: transformarse en bloques, hacerse pasar por Flores Parlantes o esconderse entre nubes mientras el nivel cambia para confundir a los cazadores. No hay dos partidas iguales y las situaciones absurdas que se generan son una joyita.

Bob-ombs por relevos nos ha parecido, irónicamente, la bomba. Es el clásico juego de pasar la bomba antes de que explote, pero aplicado a un nivel de plataformas de Mario: los jugadores avanzan juntos llevando una Bob-omb que va a estallar y, cuando el temporizador se activa, se lanza sola al aire para que la recoja otro jugador y se pare el temporizador. Es un juego muy caótico y también muy divertido.
Luego está 1, 2, 3, ¡Salto!, un minijuego de ritmo en el que los cuatro jugadores deben saltar al compás de una de las melodías más reconocibles de Wonder. Suena fácil hasta que el escenario se llena de enemigos que interrumpen, te encuentras con plataformas que rebotan y aparecen obstáculos mientras sube el nivel de veneno por el nivel. Es un modo inteligente que combina coordinación y reflejos de los jugadores.

En el terreno cooperativo, El vuelo del Capitán Toad nos ha parecido muy curioso. Un jugador controla al Capitán Toad moviéndole de izquierda a derecha mientras otro maneja a su loro Lorezno, encargándose de los saltos y el planeo. Se puede jugar con un solo mando de Nintendo Switch 2, lo que lo convierte en una apuesta perfecta para el cooperativo en casa. Los primeros niveles son accesibles y relajados, pero los últimos dan un salto de exigencia bastante tocho. Pero lo mismo ocurre con el resto de cooperativos: sirven para pasar un rato divertido en plan casual, pero quien quiera exprimir las pruebas más avanzadas encontrará un desafío a la altura.
En el lado competitivo, hay tres modos que nos han dejado un buen sabor de boca. Monedas con Boo es un ingenioso luz verde, luz roja adaptado a Wonder: hay que recoger el mayor número de monedas posible por un nivel, pero cuando el Boo gigante se despierta, todos deben quedarse quietos. Los personajes se detienen en poses divertidas y hay tensión por ver si alguien se mueve. Por otro lado los modos de Supervivencia y Batalla de burbujas apuestan por la eliminación directa entre jugadores con ataques frontales e indirectos en escenarios variados. No reinventan la fórmula del versus clásico en plataformas, pero la base jugable de Wonder hace que se sientan ágiles y muy resultones.

Los entretenidos sin ser memorables
No todos los minijuegos aspiran a robarte el corazón, y eso también está bien. Hay un puñado de atracciones que cumplen su función sin destacar especialmente, pero aportan variedad al conjunto y ayudan a que las sesiones multijugador no se hagan repetitivas.
Yoshi es protagonista de dos modos que se parecen bastante entre sí. En uno llevas agarrado a un Yoshi bebé al que debes dar de comer mientras avanzas por el nivel: el que consiga al Yoshi más gordo al llegar a meta, gana. En el otro controlas directamente a Yoshi con la misma premisa de alimentarlo para sumar puntos. Ambos son simpáticos y cambian el ritmo respecto a otros minijuegos, aunque la sensación de estar jugando a lo mismo con ligeras variaciones queda ahí.

Ingeniería de caminos le saca provecho al modo ratón del Joy-Con 2. Dos jugadores controlan a personajes de Mario mientras otros dos manejan a Plantabloques, colocando plataformas en la pantalla con el puntero para poder avanzar. Sobre el papel suena sencillo, pero los niveles se vuelven impredecibles rápidamente y exige mucha coordinación. Es original y demuestra que la nueva función del Joy-Con 2 puede dar juego, aunque la diversión depende mucho de con quién juegues.
Saltos esponjosos plantea un cooperativo en el que los cuatro jugadores deben retirar objetos que caen sobre una plataforma antes de que esta encoja y desaparezca. Un concepto diferente que funciona bien como rompehielos, sin más pretensiones en fiestas pero con profundidad si quieres jugar más “try hard”. Luego están Cuenta Bancaria y Cuenta Saltarina, dos modos cooperativos que nos han sorprendido por su enfoque: hay que calcular cuántas monedas se recogen o cuántos saltos se dan entre los cuatro jugadores para alcanzar una cifra exacta. Menos acción y más cabeza, algo poco habitual en un Mario.

Batalla electrizante cierra este bloque con enfrentamientos indirectos en los que hay que lanzar trampas de rayo al suelo mientras esquivas las de los demás. Funciona, entretiene y mantiene la tensión, aunque no deja la misma huella que los mejores modos del parque.
Estas atracciones rellenan el catálogo de minijuegos de Wonder sin defraudar en lo que prometen.
Donde el parque pierde brillo
No todo en el Parque Belabel sale bien parado. Hay tres minijuegos que se nos han atragantado, y el motivo es el mismo en los tres: que les falta chispa.
Coliseo propone avanzar por fases derrotando enemigos para ver quién acumula más bajas. Suena competitivo y frenético sobre el papel, pero en la práctica se siente insulso. Las fases carecen de la tensión que sí tienen otros modos y el resultado acaba importando poco porque el camino no engancha. Es de esos minijuegos que pruebas una vez y no vuelves a tocar.

Con Monedas a cañonazos y Monedas de Bob-omb pasa algo similar. Ambos giran en torno a recolectar el mayor número de monedas posible mientras avanzas por un nivel, pero les falta profundidad jugable para sostenerse más allá de un par de partidas. No hay mecánicas que los diferencien lo suficiente ni nada que mantenga el interés. Funcionan y técnicamente cumplen, pero se deshacen rápido entre otros minijuegos mucho más inspirados.
Lo que más nos ha chirriado del multijugador no es un minijuego en concreto, sino el ritmo al que se mueve todo. Cambiar entre modos se hace pesado: cada vez que entras a una atracción, la Flor Parlante suelta su comentario, hay una explicación, aparece una cuenta atrás, hay un pequeño tiempo de carga… y si vuelves a entrar, vuelve a empezar. En un contexto donde lo ideal es hacer partidas rápidas con amigos, esos segundos muertos se acumulan y terminan lastrando la experiencia.

Lo peor es que no se pueden saltar las explicaciones aunque ya las hayas visto, ni siquiera dentro de la misma sesión. Si repites un modo por tercera vez consecutiva, vas a tragarte la introducción entera otra vez. Creemos que Nintendo debería agilizar todo este proceso de forma notable para que las sesiones fluyan con la inmediatez que pide un juego de fiestas. El contenido está ahí y es abundante, pero el envoltorio frena un ritmo que debería ser trepidante.
Un online falto de ambición
Las salas de juego online del Parque Belabel existen, pero no os esperéis un multijugador al uso. Para acceder a estos modos cada jugador necesita su propia consola y crear o unirse a una sala, ya sea por comunicación local o en línea. Eso sí, solo se puede jugar con amigos, no hay emparejamiento con desconocidos, lo que limita bastante las posibilidades si no tenéis un grupo fijo dispuesto a conectarse.
La mayoría de atracciones disponibles en estas salas son carreras: en naves voladoras, en un zapato gigante, sobre patines, montados en flores que planean o en bolas que rebotan. El catálogo se completa con versiones adaptadas de algunos modos locales como Fantasmáscara o carreras a meta. Suena variado, pero todas comparten un problema: no hay interacción directa entre jugadores. Los participantes aparecen como fantasmas en pantalla, cada uno corriendo en su propia burbuja, y eso reduce considerablemente la emoción de competir. Se pierde ese punto de caos y diversión inmediata que sí tiene el local.

Además, la función GameShare queda limitada en este apartado: estos minijuegos de salas no son compatibles, aunque sí se puede usar para compartir la historia principal y las atracciones del modo local, que es donde realmente merece la pena. Creemos que el verdadero potencial de esta expansión está en el sofá, con amigos delante de la misma pantalla. El online cumple su función como alternativa, pero no es ni de lejos la mejor forma de disfrutar lo que ofrece el Parque Belabel.
La mejor versión de un plataformas 2D maravilloso
Super Mario Bros Wonder ya era un juego enorme, y esta Nintendo Switch 2 Edition lo convierte en un combo difícil de superar dentro de los plataformas 2D. Los Koopalings atacan directamente el punto débil del original con jefes imaginativos y variados, los minijuegos cooperativos traen ideas frescas que funcionan de verdad, y el salto al 4K permite apreciar un mimo en las animaciones que antes pasaba más desapercibido. Hay mucho que celebrar aquí.

Pero no es oro todo lo que reluce. La falta de interacción directa entre personajes se hace más evidente que nunca en los modos multijugador online, y la lentitud al reiniciar y cambiar entre atracciones frena un ritmo que debería ser mucho más ágil. Son tropiezos que no arruinan el juego, aunque sí le restan brillo a una expansión que tiene buena base y una ejecución notable.
Si te gustó el Wonder original, aquí tenéis más razones que nunca para volver al Reino Flor.
Resumen del análisis de Super Mario Bros Wonder para Nintendo Switch 2
Super Mario Bros Wonder – Nintendo Switch 2 Edition + Meet Up in Bellabel Park
Aspectos positivos
- Mucho más contenido para un juego que, de por sí, era enorme.
- Muy buenas ideas para los modos multijugador, especialmente en pruebas cooperativas.
- Un espectáculo visual con un mimo brutal en las animaciones, más visibles ahora en 4K.
- Jefes muy originales que atacan el punto débil del original Super Mario Bros Wonder.
Aspectos negativos
- La falta de interacción entre personajes se nota más que nunca en los modos multijugador.
- El reinicio en el modo multijugador del Parque Belabel es demasiado lento.

