Impresiones de Monster Hunter Stories 3 para Nintendo Switch 2
Jugamos la versión final de su aventura más ambiciosa para la nueva consola de Nintendo.

La subsaga Monster Hunter Stories ha ido creciendo poco a poco desde su primera entrega en Nintendo 3DS, pasando por una segunda parte que ya dio un salto notable en Nintendo Switch, hasta llegar aquí: Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection aterriza en Nintendo Switch 2 con la ambición de dejar de ser “el spin-off simpático” de Monster Hunter para convertirse en un JRPG grande de verdad. Y tras las horas que hemos podido dedicarle a la versión final, la verdad es que la sensación es exactamente esa: Capcom ha dado un paso al frente con una historia más adulta, un mundo enorme por explorar y un apartado técnico que sorprende.
Desde que se presentó por primera vez, Twisted Reflection prometía ir más allá de lo que habíamos visto en la saga, y lo que hemos jugado hasta ahora confirma que va por muy buen camino. En estas impresiones de Monster Hunter Stories 3 para Nintendo Switch 2 os contamos cómo ha sido nuestra primera toma de contacto con el juego: qué nos ha sorprendido, qué ha cambiado respecto a entregas anteriores y por qué creemos que esta tercera entrega tiene todos los ingredientes para dar mucho que hablar cuando llegue el próximo 13 de marzo.
La primera prueba monstruosa de Nintendo Switch 2
Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection nos sitúa en un mundo dividido entre dos reinos enfrentados, Azuria y Vermeil, al borde de una guerra mientras un desastre ambiental conocido como la Litificación Cristalina corrompe el ecosistema y empuja a un montón de especies de monstruos hacia la extinción. Como protagonista, somos el heredero del reino de Azuria, el último Jinete de Rathalos y capitán de los Montaraces, una organización dedicada a proteger a los monstruos en peligro. De un misterioso huevo nacen dos Rathalos gemelos marcados con un símbolo, el mismo que según una profecía provocó una guerra civil devastadora hace doscientos años.
Lo que más nos ha llamado la atención de esta primera toma de contacto es que la saga Stories ha dado un salto de madurez enorme. La historia se siente mucho más adulta y ambiciosa que en las anteriores entregas de Monster Hunter Stories: hay conflictos políticos con peso real, personajes con trasfondo, momentos más tensos que sorprenden y un tono general que se aleja de aquella imagen de “RPG para niños” que podía tener la subsaga. Twisted Reflection quiere ser un JRPG grande y ambicioso de verdad, y tras las horas que hemos podido dedicarle, la sensación es que lo está consiguiendo. No es solo un spin-off simpático dentro del universo Monster Hunter: es una aventura que tiene entidad propia.

A nivel técnico, estamos ante el primer gran juego de Capcom del que hemos podido probar una versión final en Nintendo Switch 2, ya que se trata de un título exclusivo de la nueva generación de consolas. No sabíamos muy bien qué esperar del producto terminado, pero nos hemos encontrado con un resultado bastante pulido e impresionante para lo que es el hardware de la consola. El juego se mueve entorno a las 30 imágenes por segundo bastante estables, con algunas escenas subiendo hasta los 60FPS, e intuimos que utiliza el reescalado por inteligencia artificial de Nintendo Switch 2 para conseguir una imagen correcta que le sienta muy bien a su apartado visual. El resultado es un juego que luce llamativo y resultón, con una línea artística preciosa que mezcla fantasía y cuento de hadas y que nos ha recordado muchísimo a la estética de Fire Emblem: Three Houses, algo que sin duda es una muy buena señal.
En cuanto a la estructura del mundo, Monster Hunter Stories 3 no es exactamente un mundo abierto: hay zonas con cargas al entrar y salir de las ciudades, lo que separa los espacios urbanos de las áreas de exploración. Sin embargo, una vez fuera, la zona del mundo abierto es bastante libre y te permite moverte por ella como quieras, montando sobre tus Monsties para volar, escalar o simplemente recorrerla a tu ritmo. Lo que más nos ha sorprendido es lo detallada y bonita que resulta esta zona: hay monstruos por todas partes, elementos interactivos, vegetación, efectos ambientales y una cantidad aceptable de vida en pantalla que hace que todo se sienta natural y orgánico. No se siente muy vacío o de relleno, sino un espacio que invita a explorary que, junto a la posibilidad de proteger y restaurar los hábitats de las especies en peligro, refuerza esa sensación de que este mundo respira.

Un JRPG que ha crecido de golpe
La evolución de la saga Monster Hunter Stories hacia un tono más adulto no se queda solo en la historia: también se nota en cómo se juega. Twisted Reflection se presenta como un JRPG con una estructura semiabierta que recuerda bastante a lo que podríamos encontrar en sagas como Xenoblade Chronicles: zonas muy amplias que puedes recorrer a tu ritmo, con NPCs con los que hablar, misiones que completan la trama principal y una progresión que te lleva de un punto a otro del mapa mientras la historia va ganando peso. No es un mundo abierto en el sentido estricto, pero las zonas son lo bastante grandes y están lo bastante vivas como para que la exploración se sienta libre y satisfactoria.
El combate sigue siendo por turnos y mantiene la base de piedra, papel o tijera (Poder, Velocidad y Técnica) que ha definido a la saga desde sus inicios. Y aquí tenemos que ser sinceros: este sistema no nos termina de convencer del todo, porque le da un punto algo aleatorio a las batallas que a veces resulta frustrante. Acertar o fallar el tipo de ataque puede marcar la diferencia entre un buen turno y uno desastroso, y no siempre tienes suficiente información para anticipar qué hará el rival. Sin embargo, Monster Hunter Stories 3 ha añadido varias capas por encima de esa base que consiguen que el combate no dependa únicamente de la suerte: el uso de habilidades especiales, la posibilidad de montar a tus Monsties en plena batalla, la elección de armas y el Sincrofrenesí, un ataque grupal devastador, hacen que haya mucho más margen para la estrategia de lo que parece a primera vista.

Las batallas, además, son un auténtico espectáculo visual. Todo está presentado con un estilo muy de anime, con cámaras dinámicas, efectos de partículas y animaciones exageradas que le dan mucha energía a cada enfrentamiento. Incluso hay pequeñas cinemáticas integradas dentro de los propios combates que elevan los momentos más intensos, aunque si prefieres un ritmo más ágil, puedes saltarlas sin problema. Al final de cada batalla, el juego evalúa tu rendimiento y te otorga un rango y recompensas en función de lo bien que lo hayas hecho, un detalle que añade ese punto de motivación extra para intentar optimizar cada encuentro.
Desde sus primeros pasos en Nintendo 3DS, a Monster Hunter Stories siempre se le ha comparado con Pokémon, y no sin motivo. La mecánica de buscar huevos de monstruo por el mundo, incubarlos y criar a tus propios Monsties sigue siendo uno de los pilares del juego. Puedes hacerte con nuevos compañeros explorando guaridas repartidas por el mapa, y después entrenarlos, montarlos y luchar a su lado. Es un sistema que funciona bien y que genera ese vínculo con tus criaturas que la saga siempre ha buscado.
Lo cierto es que la franquicia Monster Hunter tiene suficiente personalidad y variedad en su bestiario como para que esta mecánica de colección y crianza funcione por sí sola, sin necesidad de recurrir a comparaciones con Pokémon. Los monstruos de la saga tienen diseños únicos, comportamientos diferenciados y habilidades que los hacen interesantes tanto dentro como fuera del combate. En Twisted Reflection, donde además puedes aprovechar las habilidades de cada Monstie para explorar el mundo de formas distintas (volar, escalar, nadar…), esa conexión entre compañero y jugador se siente más natural que nunca.
Dicho esto, hay algo que sigue chirriando un poco y que, siendo honestos, viene de serie en la propia esencia de Monster Hunter Stories. Intentar mezclar una franquicia cuya identidad gira en torno a cazar y abatir monstruos con un spin-off donde los montas, los crías y convives con ellos genera cierta incoherencia que siempre ha estado ahí, pero que ahora, con un tono mucho más adulto y ambicioso, se nota más. Es como si dos filosofías opuestas tirasen del juego en direcciones distintas, y a veces cuesta cuadrar lo que ves en pantalla con lo que sabes del universo Monster Hunter. No es algo que arruine la experiencia ni mucho menos, pero sí un detalle que puede sacar de la inmersión a quienes conozcan bien la saga principal. Si consigues pasar eso por alto, y no cuesta tanto, lo que queda es un JRPG con mucha personalidad, entretenido de principio a fin y con una jugabilidad que engancha mucho más de lo que aparenta.

Los Riders tienen ganas de más
Tras estas primeras horas con Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection, la sensación que nos deja es la de un juego que ha crecido en todos los sentidos. Nos ha gustado más que las anteriores entregas de la subsaga: se siente más potente, con las ideas mucho más claras y una ambición narrativa y jugable que eleva el conjunto a otro nivel. La historia tiene peso real, el combate ha ganado capas de estrategia que lo hacen más interesante y el mundo que han construido invita a recorrerlo sin prisa. Pero más allá del propio juego, lo que nos ha dejado especialmente contentos es comprobar que Nintendo Switch 2 puede mover aventuras y mundos enormes con una solvencia que impresiona: el correcto resultado técnico de Capcom aquí es toda una declaración de intenciones sobre lo que la consola es capaz de ofrecer.
Aún nos queda mucho camino por delante en esta aventura, así que seguimos jugando para traeros nuestro análisis completo. De momento, si os gustan los JRPG y el universo Monster Hunter, id haciéndole hueco en la agenda: Twisted Reflection pinta muy, muy bien.

